

Cristo,
Señor de mis múltiples desvelos
Has arado en mi alma con tus dedos
Sembraste con amor tus agonías
tus alegrías,
tu fe, que me fue esquiva...
Las quiero prontas
Luciéndose en mi huerto,
todas crecidas, maduras todas,
para que vuelvan tus manos prodigiosas
a cosechar los frutos que nacieran.
Me siento tuya
y es dulce privilegio
el permitirme de ser tu amante oscura
y no me asusta si a veces te me alejas
porque se queda conmigo tu ternura.
Llenas de luz las noches de mis días,
pones aromas y notas escogidas
en este humilde huerto que te viera,
y todo aquello encerrado en tus semillas
que aunque yo no las riegue
se germinan.
Te quiero y te querré
y solo el tiempo
trenzará las raíces de mi espera,
y formará con ellas una trama
que en su tejido inmenso...te contenga.
Teresa Silva Garland

 

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