De pronto te apareces,

veo en mi pasillo una espalda roja y amplia,

te das vuelta y me regalas esa sonrisa tuya de buenos días,

tan de niña y tan de adulta.


Es esa mezcla contradictoria la que brilla,

tu tono dulce; meloso, pero directo.

Tu caminar calmo, mas altivo.

Tu mirada suave y fuerte a la vez.


Ayer compartí tu miedo y tu pena,

escuché tus dudas y reí tu risa.

Hoy repasé las tintas de tu alma,

leí dolor y olí esperanza.

Mañana sólo espero tu presencia

y esa sonrisa tuya de buenos días.


   Cucho   




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