Sopla
el
viento,
silencioso,
sin
llegar
hasta
mi
espíritu
Su
silbido
no
me
alcanza
Pero
sopla,
hace
frío.

Me
estremece
su
lamento
Que
no
escucho
Y
su
voz
triste
y
llorosa
Angustia
mi
corazón
oprimido.

Quiero
calma,
quiero
dicha!
La
voz
sorda
me
sigue;
No
la
oigo,
no
consigo
Tapar
mi
alma
descubierta
De
su
canto
y
su
agonía,
De
su
clamor
tenebroso,
De
sus
sones
silenciosos,
De
su
llanto
tan
temido.
Tengo
miedo,
pena
y
frio.
María
Eliana
García