DESPERTAR

Sin embargo, es fácil de entender.

Me sentí madre, me sentí joven.

El amor me hizo ser otra mujer.

Pero al fin, la realidad se impuso.

La razón, cual una negra garra

Apretó mi garganta sin piedad.

Era tan bello mi niño,

El hijo de mis ilusiones,

El pequeño que no llegará a nacer.

¿Por qué el cielo no llora?

De qué ríe la gente, acaso no ve

Mi corazón deshecho, los brazos vacíos,

Mi mirada perdida en la bruma?

Yo lo sabía, es cierto. Lo sabía.

Pero, cómo lo llegué a querer!


El viento hace mover las sombras

Obscuras de la noche de mi pena.

Ya no lloro.

Parece que va a amanecer.


María Eliana García

   
 





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